Incluso los pájaros dejaron de cantar

Incluso los pájaros dejaron de cantar

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Trabajadores MSF realizan consultas en Kabilengu, provincia de Kasai de República Democrática de Congo. Jean-Pierre Amigo/MSF

Joanne Liu, presidenta internacional de Médicos Sin Fronteras (MSF), acaba de visitar Kananga, en la región de Kasai (República Democrática del Congo). Joanne narra una crisis que afecta a esta región del centro del país desde hace un año.

Durante mi visita a Kasai, acudí con nuestros equipos a una zona rural de la región que se ha visto particularmente afectada por la violencia. Pueblos y campos fueron incendiados, y en el lugar también se han descubierto varias fosas comunes. Un hombre se acercó a nosotros y de forma reposada, nos dijo: “la violencia fue tan terrible aquí que dejamos de escuchar el canto de las aves durante días”.

A pesar de todo, cuando llegué a Kananga me dio la impresión de que allí no había pasado nada. Kananga es una típica y bulliciosa ciudad congoleña donde viven unas 750.000 personas. Los mercados estaban llenos y las pequeñas tiendas emitían música a todo volumen. Desde luego, no era la misma situación que encontraron mis compañeros en marzo. Entonces el silencio llenaba la ciudad. No había ni una sola escuela o tienda abierta. El miedo se extendía por todos lados.

Al final comprendí que la normalidad que estaba presenciando en Kananga era similar a la experiencia que uno tiene cuando visita la tumba de un ser amado un año después de su entierro, cuando las flores comienzan a florecer sobre ella. Cuando la vida prende de nuevo.

Hay otras imágenes de esta visita que se quedaron conmigo. Recuerdo haber visto a una chica riendo y corriendo detrás de unos niños en los pasillos del hospital. Parecía que no le había pasado nada, pero muchas semanas antes, su hermana había sido decapitada frente a sus ojos. Un grupo de hombres armados la secuestraron y la mantuvieron atada en el suelo 10 días. La violaron tantas veces que es imposible decir con certeza el número exacto. “Si hablas te cortaremos la cabeza igual que lo hicimos con tu hermana”, le dijeron. Es evidente que las gentes de Kasai han soportado mucho aunque resulta difícil imaginar todo lo que han sufrido.

La crisis en Kasai comenzó hace un año, pero nos ha llevado mucho tiempo comprender su magnitud. Durante los meses más duros no llegó ayuda humanitaria a este lugar y ahora, todavía, esta es extremadamente limitada.

¿Por qué las comunidades no pidieron ayuda antes? Un anciano de la comunidad nos contestó esa pregunta: “cuando estás tendido en el suelo y te están disparando no puedes ponerte de pie y comenzar a correr”. MSF comenzó a trabajar en Kananga en marzo, muy tarde, demasiado. Hoy somos conscientes de que apenas estamos tocando la superficie del problema.

Las heridas de los pacientes que atendemos nos hablan de los niveles extremos de violencia que padece la población de Kasai. Debido al miedo, algunas personas gravemente heridas han esperado días o incluso semanas antes de decidir ir a que les vea un médico. Uno de los pacientes atendidos por nuestro equipo de cirujanos tenía la mano cercenada. Estuvo escondido en los matorrales varias semanas, tenía miedo de que lo localizaran y lo mataran. Se trató el muñón con tratamientos tradicionales. Cuando llegó a nuestro hospital se le había formado un absceso y una infección grave se había generado en los huesos de su antebrazo. Me temo que tiene pocas probabilidades de evitar una nueva amputación.

Si nuestros equipos de salud mental preguntan qué les pasó, los pacientes nunca nos dicen quiénes fueron quienes les infringieron tal violencia. El miedo siempre está ahí. Sí nos cuentan sus historias, todas invariablemente horribles: el esposo que fue decapitado frente a su esposa, la esposa que fue violada delante de sus hijos y su marido mientras estaban atados, obligados a mirar. Pero solo cuentan la historia una vez. Después hacen cuatro preguntas: ¿Cómo puedo ganarme la vida? ¿Cómo puedo alimentar a mi familia? ¿Cómo puedo reconstruir mi casa? ¿Qué futuro me espera?

La crisis en Kasai es comparable a un bosque durante los meses de sequía: bastó una sola chispa en agosto de 2016 para que se incendiara toda la región. Millones de personas han quedado atrapadas en medio de los ataques de las milicias, la represión del Ejército e incluso en conflictos específicos que no tienen nada que ver con el brote inicial, pero que detonaron al tiempo debido al caos que reina en el lugar.

Y aunque hoy Katanga está regresando a la normalidad, aún se dan situaciones muy preocupantes en otras zonas de una región que tiene el tamaño de Italia. La falta de acceso causada por los problemas de seguridad hace que sea difícil diferenciar entre rumores y realidad. Lo cierto es que, aunque desde fuera parece que no ha pasado nada, una tragedia humanitaria tuvo lugar y todavía se desarrolla en esta región del centro sur del país.

MSF gestiona, de forma independiente, el área de traumatología del Hospital General de Kananga (en la provincia de Kasai Central) con 70 camas. El equipo de MSF rehabilitó el quirófano y brinda atención gratuita a víctimas de trauma –accidental o causado por la violencia–. Desde abril de 2017, 238 pacientes han sido hospitalizados y se han realizado 550 cirugías. MSF también gestiona clínicas móviles en Kananga que han realizado 9.146 consultas médicas.

Desde junio, MSF apoya tres clínicas y un hospital general de referencia en diferentes áreas de la ciudad de Tshikapa con el objetivo de prestar asistencia a menores de 5 años, mujeres embarazadas y en periodo de lactancia, heridos y personas en situación de urgencia médica a causa de la violencia y de sus consecuencias. En julio, los equipos de MSF ampliaron sus actividades a varias áreas rurales de la periferia de Tshikapa.

MSF también gestiona clínicas móviles en áreas rurales en los alrededores de Dibaya y Tshimbulu, en el sur de Kasai Central. Esta zona fue el epicentro de la crisis. Muchas aldeas han sido destruidas, sus habitantes han huido y la población que permanece en la zona ha quedado en una situación sanitaria extremadamente precaria.