JUSTICIA SUR DE ASIA: LAS BUENAS NOTICIAS CORREN RÁPIDO

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Algunos años atrás, un grupo de personas que viven con VIH comenzaron a reunirse mensualmente. Aunque no todos seguían a Jesús, fueron atraídos hacia Él y hacia aquellos que demostraron su amor.

Se abrió un centro de cuidados donde aquellos que viven con VIH pueden permanecer mientras están en el hospital. Las Buenas del amor de Dios se esparcieron, demostradas por este pequeño equipo, la mayoría de los cuales también vivían con VIH.

Como parte del trabajo, aconsejan a nuevos pacientes del hospital, orientándolos hacia dónde ir, cómo interpretar los resultados de análisis y cómo vivir con esperanza, entendiendo que el diagnóstico de VIH no es el final. Dos nuevos grupos de apoyo se han establecido en diferentes regiones. El equipo manejó durante siete horas a través de hermosas montañas para llegar a un pueblo donde 15 personas habían viajado por hasta tres horas para reunirse con ellos. Allí comieron, cantaron, oraron y compartieron. Escucharon con atención la historia de la mujer en el pozo. El contexto es muy apropiado porque allí se utilizan pozos de agua. Muchas mujeres han tenido malos matrimonios, pero aun así se les culpa por los resultados negativos, al igual que a la mujer samaritana.

Había hindúes, musulmanes, budistas y algunos cristianos recién nacidos, todos eran seguidores de Jesús o estaban en camino de serlo en una comunidad vibrante y relevante. Todos ellos tenían un par de cosas en común: vivían con VIH y habían visto a Cristo encarnado en las personas que los ayudaban.

Una joven de dieciséis años tradujo el mensaje dado por un miembro del equipo de OM. Al repasar el mensaje de antemano, se sorprendió de cómo Jesús había roto todas las reglas con esta mujer samaritana: reglas de género, religión y de juntarse con los marginados.

Con seguridad si Jesús caminara por este pueblo, esta es la casa que hubiera escogido para visitar. En realidad, sí camina, a través de Sus siervos que muestran Su vívido amor por aquellos que lo necesitan y les ayudan a florecer y crecer hacia las personas que Cristo siempre quiso que sean.