Francisco: El aborto no es un derecho, es como pagar a un...

Francisco: El aborto no es un derecho, es como pagar a un sicario para resolver un problema

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“¿Cómo puede ser terapéutico, civil o simplemente humano un acto que suprime la vida inocente e indefensa en el útero materno o en su nacimiento? ¿Es justo quitar una vida humana para resolver un problema? ¿Es justo pagar a un sicario para resolver un problema? No se puede, no es justo quitar la vida a un ser humano, incluso pequeño, para resolver un problema”, afirmó contundente el papa Francisco en la mañana de hoy durante su catequesis de la Audiencia General dedicada al quinto mandamiento: “No matarás”.

El papa Francisco continuó esta mañana con su catequesis de la Audiencia General dedicada al Decálogo. Este miércoles la dedicó al quinto mandamiento: “No matarás”.

Se podría decir que todo el mal que se hace en el mundo, afirmó el Santo Padre, se resume en esto: desprecio por la vida. “La vida es atacada por las guerras, por las organizaciones que explotan al hombre, por las especulaciones sobre la creación y la cultura del descarte, y por todos los sistemas que someten la existencia humana a cálculos de oportunidad, mientras que un número escandaloso de personas viven en un estado indigno del hombre. Esto es el desprecio por la vida, es decir: matar, de alguna forma”.

El Papa explicó también el “enfoque contradictorio que permite la supresión de la vida humana en el útero materno en nombre de la salvaguardia de otros derechos. Pero, ¿cómo puede ser terapéutico, civil o simplemente humano un acto que suprime la vida inocente e indefensa en su nacimiento? Y yo les pregunto – agrega el Pontífice – ¿Es justo quitar una vida humana para resolver un problema? ¿Qué cosa piensan ustedes? ¿Es justo? ¿Es justo pagar a un sicario para resolver un problema? No se puede, no es justo quitar la vida a un ser humano, incluso pequeño, para resolver un problema. Es como pagar a un sicario para resolver un problema.

Estos enfoques y este modo de actuar, la violencia y el rechazo de la vida nacen del miedo, afirmó Francisco. “La aceptación del otro, de hecho, es un desafío al individualismo. Pensemos, por ejemplo -precisó– cuando se descubre que una vida que está por nacer, es portadora de una discapacidad, incluso de una discapacidad grave. Los padres, en estos casos dramáticos, necesitan una verdadera cercanía, una verdadera solidaridad, para afrontar la realidad superando temores comprensibles. En cambio, a menudo reciben consejos apresurados para interrumpir el embarazo, es decir, esto es un modo de decir: interrumpir el embarazo significa quitar la vida a uno, directamente”.

“Un niño enfermo es como toda persona necesitada en la tierra, como un anciano que necesita ayuda, como tantas personas pobres que tienen dificultades para vivir: él, ella, que se presenta como un problema, es en realidad un don de Dios que puede sacarme del egoísmo y hacerme crecer en el amor”

Lo que lleva al hombre a rechazar la vida, señaló el Papa, son los ídolos de este mundo: el dinero, el poder, el éxito. Estos son parámetros erróneos para evaluar la vida. La única medida auténtica de la vida es el amor, el amor con el que Dios la ama, el amor con el cual Dios ama toda vida humana.

“De hecho, el sentido positivo del mandamiento ‘No matar’, es que Dios es amante de la vida, como acabamos de escuchar en la lectura bíblica. El secreto de la vida se nos revela por la manera en que el Hijo de Dios la ha traído, que se hizo hombre hasta el punto de asumir, en la cruz, el rechazo, la debilidad, la pobreza y el dolor. En cada niño enfermo, en cada anciano débil, en cada emigrante desesperado, en cada vida frágil y amenazada, Cristo nos busca, busca nuestro corazón, para abrirnos la alegría del amor”.

Debemos decir a los hombres y mujeres del mundo, alentó el Santo Padre: ¡no desprecien la vida! La vida de los demás, pero también la suya propia, porque incluso para ella vale el mandamiento: “No matar”. Hay que decirles a tantos jóvenes: ¡No desprecien su existencia! ¡Dejá de rechazar la obra de Dios! ¡Tú eres obra de Dios! “Que nadie mida la vida según los engaños de este mundo –advirtió el pontífice– sino que cada uno se acepte a sí mismo y a los demás en el nombre del Padre que nos creó. Él es amante de la vida y todos somos tan queridos por Él que envió a su Hijo por nosotros”.

El Papa finalizó su catequesis afirmando que “debemos decir a los hombres y a las mujeres del mundo: no desprecien la vida. La vida de los demás, pero también su propia vida, porque también esa se incluye en el Mandamiento ‘no matarás’. A tantos jóvenes les digo: ¡no desprecies tu existencia! ¡Dejá de rechazar la obra de Dios! ¡Tú eres obra de Dios!”.+

Texto completo de la catequesis del Papa
La catequesis de hoy está dedicada a la Quinta Palabra: “No matarás”. El quinto mandamiento: “No matarás”. Estamos ya en la segunda parte del Decálogo, la que concierne a las relaciones con los demás; y este mandamiento, con su formulación concisa y categórica, se yergue como una muralla defensiva del valor básico en las relaciones humanas, Y ¿cuál es el valor básico en las relaciones humanas?: El valor de la vida. Por eso, no matarás.

Se podría decir que todo el mal del mundo se resume aquí: en el desprecio por la vida. La vida es agredida por las guerras, por las organizaciones que explotan al hombre, -leemos en los periódicos o vemos en los telediarios tantas cosas- por especulaciones sobre la creación y la cultura del descarte, y por todos los sistemas que someten la existencia humana a cálculos de oportunidad, mientras que un escandaloso número de personas vive en un estado indigno del ser humano. Esto es despreciar la vida, es decir, de alguna manera, matar.

Un enfoque contradictorio permite también la supresión de la vida humana en el seno materno en nombre de la salvaguardia de otros derechos. Pero, ¿cómo puede ser terapéutico, civil o simplemente humano un acto que suprime la vida inocente e indefensa en su inicio? Yo os pregunto: ¿Es justo “deshacerse” de una vida humana para resolver un problema? ¿Es justo alquilar a un sicario para resolver un problema? No se puede, no es justo “deshacerse” de un ser humano, aunque sea pequeño para resolver un problema. Es como alquilar un sicario para resolver un problema.

¿De dónde viene todo esto? La violencia y el rechazo de la vida ¿de dónde nacen, en fondo? Del miedo. Acoger al otro, en efecto, es un desafío al individualismo. Pensemos, por ejemplo, en cuando se descubre que una vida naciente es portadora de discapacidad, incluso grave. Los padres, en estos casos dramáticos, necesitan cercanía real, solidaridad verdadera, para enfrentar la realidad y superar los temores comprensibles. En cambio, a menudo reciben consejos apresurados para interrumpir el embarazo, o sea es una forma de hablar: “interrumpir el embarazo” significa “deshacerse de uno”, directamente.

Un niño enfermo es como todos los necesitados de la tierra, como un anciano que necesita ayuda, como tantos pobres que luchan por salir adelante: aquel, aquella que se presenta como un problema, es en realidad un don de Dios que puede sacarme del egocentrismo y hacerme crecer en el amor. La vida vulnerable nos muestra el camino de salida, el camino para salvarnos de una existencia replegada sobre sí misma y descubrir la alegría del amor. Y aquí quiero detenerme para dar las gracias, dar las gracias a tantos voluntarios, dar las gracias al fuerte voluntariado italiano que es el más fuerte que yo haya conocido. Gracias.

¿Y qué lleva al hombre a rechazar la vida? Son los ídolos de este mundo: el dinero –mejor deshacerse de éste porque costará- el poder, el éxito. Son parámetros equivocados para evaluar la vida. ¿Cuál es la única medida auténtica de la vida? ¡Es el amor, el amor con el que Dios ama! El amor con que Dios ama la vida: esta es la medida. El amor con que Dios ama cada vida humana.

De hecho, ¿cuál es el significado positivo de la Palabra “No matarás”? Que Dios es “un amante de la vida”, como acabamos de escuchar de la lectura de la Biblia.

El secreto de la vida nos es revelado por cómo la trató el Hijo de Dios, que se hizo hombre, hasta el punto de asumir, en la cruz, el rechazo, la debilidad, la pobreza y el dolor. En cada niño enfermo, en cada anciano débil, en cada migrante desesperado, en cada vida frágil y amenazada, Cristo nos está buscando, está buscando nuestro corazón para revelarnos el gozo del amor.

Vale la pena recibir cada vida porque cada hombre vale la sangre de Cristo mismo. ¡No se puede despreciar lo que Dios ha amado tanto!

Debemos decir a los hombres y a las mujeres del mundo: ¡No desprecien la vida! La vida de los demás, pero también la tuya, porque el mandamiento también es válido para ella: “No matarás”. Hay que decir a tantos jóvenes: ¡No desprecien su existencia! ¡Deja de rechazar la obra de Dios! ¡Tú eres una obra de Dios! ¡No te subestimes, no te desprecies con las dependencias que te arruinarán y te llevarán a la muerte!

Que nadie mida la vida según los engaños de este mundo, sino que cada uno se acepte a sí mismo y los demás en nombre del Padre que nos ha creado. Él es “un amante de la vida”. Es hermoso esto, “Dios es amante de la vida” y tanto nos quiere a todos que mandó a su Hijo por nosotros. “Porque tanto amó Dios al mundo -dice el Evangelio- que dio a su Hijo único, para que quien crea en él no perezca sino que tenga vida eterna”.

Ciudad del Vaticano (AICA)