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ARA San Juan: “Misión cumplida, pasamos al descanso”

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El pasado 17 de noviembre, luego de un año y un día de rezo y vigilia, los argentinos nos despertamos con la tan esperada noticia: La misión de búsqueda había encontrado los restos del submarino ARA San Juan.

A lo largo de ese año varios fueron los programas y entrevistas que analizaron y ensayaban conjeturas sobre las causas del hundimiento, también varios fueron los intentos infructuosos por encontrarlo y también por conocer el destino de sus 44 tripulantes. Se escucharon voces de marinos especialistas, de familiares comprensivos de la triste situación y también de otros que reclamaban verdad y justicia por sus seres queridos; algunas voces opinaron desde el total desconocimiento técnico y  de lo que significa llevar un uniforme en defensa de la Patria.

El 19 de abril de 1980 recibí mi uniforme de cadete del Colegio Militar de la Nación (CMN). Las emociones que recuerdo de ese día pocas las pueden igualar y las guardo celosamente en mi alma. El día que un militar recibe su uniforme se siente que es heredero de las virtudes sanmartinianas, conoce cada uno de los detalles, de los colores y símbolos que lo conforman, se siente orgulloso de vestirlo, pero también sabe que su uso implica una vocación de servicio que puede llevarlo hasta perder la vida. Así reza la fórmula de la jura a la bandera.

Cuando el 2 de abril de 1982 los cadetes del CMN fuimos informados de la recuperación de las Malvinas, todos sentimos un orgullo infinito y en nuestra casi irracional juventud sentimos que había llegado el momento de cumplir con nuestra jura. El final es conocido y desearía volver a los 44 héroes del ARA San Juan.

Seguramente cada uno de estos marinos era consciente de la misión que habían iniciado, bien detallada en la orden de operaciones; seguramente estarían orgullosos de ir a cumplirla, sobre todo considerando las pocas horas de navegación que tiene un submarino en la Armada Argentina, seguramente extrañaron a sus seres queridos durante el tiempo de la misión, pero indudablemente cada uno de los tripulantes estaba haciendo lo que había elegido: “Servir a la Patria”

La justicia se tomará su tiempo para hacer sus investigaciones y determinar las causas, luego asignará responsabilidades, los tiempos de la Patria son más cortos y ya dio su sentencia: los 44 tripulantes del ARA San Juan pasan a integrar la lista de héroes que dieron su vida en cumplimiento del deber.

El preludio del final habrá sido en silencio, su comandante el Capitán de Fragata Pedro M. Fernández habrá quedado en la soledad del mando, tal vez actuó como el Capitán de Corbeta Sergio Gómez Roca comandante del ARA Alférez Sobral, condecorado con la medalla “La Nación Argentina al muerto en combate” por su accionar en Malvinas, que, sabiendo que sería atacado, hizo descender a la tripulación para protegerlos del ataque enemigo. El Capitán Fernández y su tripulación no estaban en guerra pero sí estaban actuando en cumplimiento del deber y, ante la situación irreversible, habrán recordado a sus seres queridos, habrán rezado y también habrán tenido miedo a la muerte. Pero, sobre el final, habrán sentido la paz interior del soldado que cumple con su deber.

Estas 44 muertes nos deben llamar a una profunda reflexión y no ser en vano, sobre el rol que cumplen las Fuerzas Armadas, la necesidad que tienen de contar con personal adiestrado, material con un mantenimiento adecuado, pero sobre todo la necesidad de darles el lugar que les asigna la Constitución Argentina: servir a la defensa de la Nación Argentina.

Los 44 tripulantes del ARA San Juan tuvieron el privilegio que no todos los soldados tienen y es morir en servicio y vistiendo el uniforme de la Patria.

Desde el fondo del mar se oyó el último mensaje: “Misión cumplida, pasamos al descanso”.