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La esperanza de Don Bosco en un barrio argentino en medio de la violencia y las drogas

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Pobreza, falta de oportunidades, drogas y violencia. Un cóctel explosivo que se vive en muchos barrios de la ciudad argentina de Rosario. En uno de ellos, Ludueña, el sacerdote salesiano Federico Salmerón convive a diario con la durísima situación que sufren tantos jóvenes a causa de la marginación. A todos les ofrecen esperanza y solidaridad, y en muchos casos incluso logran cambiar sus vidas a través del deporte, del ocio y, sobre todo, de la educación.

Federico Salmerón pertenece a la comunidad salesiana de Santo Domingo Savio, donde es el párroco. Allí cada día los Salesianos dan de comer a cientos de niños y jóvenes en el mismo lugar donde juegan al fútbol, estudian y aprenden a través de actividades de educación formal e informal.

Sin embargo, “el contexto social de Ludueña es de una creciente pobreza. El panorama es cada vez más difícil: se consume más, desde pastillas pasando por marihuana, cocaína, alcohol y a edades muy tempranas”, asegura Leonel, uno de los jóvenes que atienden los Salesianos. Salmerón alerta de que se nota que hay “familias destrozadas, atravesadas por historias muy trágicas, de pobreza, de violencia, de carencias que no trascienden y que quedan en el anonimato”.

Pero la esperanza siempre está presente y en muchas ocasiones vence al dolor: “Tenemos, gracias a Dios, chicos jóvenes que han estado en situaciones muy duras y hoy están bien. Creo que ése es el camino y no tanto pensar si nosotros podemos combatir el narcotráfico. Queremos humanizar y acompañar la vida”, explica Salmerón.

Los Salesianos buscan “transformar el dolor en paz para el corazón”. Por eso, la parroquia del barrio y numerosas entidades sociales organizaron semanas atrás una marcha para denunciar las muertes que desde 2010 han ocurrido en el barrio, alrededor de 35, en su mayoría de jóvenes vinculados al narcotráfico y casos conocidos como de “gatillo fácil”.

“También vamos a pedir justicia, porque no se puede avanzar negando la realidad”, destaca Salmerón, porque en el barrio “también pasan muchas cosas buenas. Hay mucha gente comprometida que lucha todos los días, que trabaja y se empeña por hacer de este barrio un lugar mejor, la mayoría es gente de bien, de trabajo, que busca ayudar, sobre todo a los chicos, que necesitan salir de situaciones complicadas”.